
Alana es una niña llena de luz y ternura, a sus dos años empezó a presentar dolor agudo en la espalda, los días pasaban y se intensificaba, las madrugadas se volvían largas. Recibió un diagnóstico que cambió nuestras vidas: un tumor rabdoide en el canal medular, un tumor raro y aún más raro en su ubicación. Desde ese momento, comenzó una batalla que jamás imaginamos tener que enfrentar.
Sin embargo, su espíritu de lucha nos enseña a diario lo que significa no rendirse. Nos dijeron que no volvería a caminar, pero ella, con su fuerza y valentía, está recuperando poco a poco la movilidad en sus piernas. Cada avance es un milagro que nos llena de gratitud. Alana, con apenas tres años, nos está mostrando a todos que la esperanza y la fe pueden más que cualquier diagnóstico. Su historia es un regalo de fortaleza para compartir con el mundo.
Y en medio de todo este camino, no podemos dejar de dar gracias a la Fundación Aladina. Gracias a sus actividades, Alana ha encontrado momentos de alegría, de juego y de ilusión que la motivan a seguir luchando. Ellos han logrado que, incluso en medio de lo malo, mi hija viva instantes felices que se convierten en fuerza para seguir adelante. Su apoyo ha sido un rayo de luz en medio de tanta oscuridad, ellos son quienes iluminan nuestro recorrido, tanto con actividades, con salidas donde ella se divierte y con su fisio Silvia que nos ha ayudado mucho para que vuelva a caminar.
