
Hola a todos, mi nombre es Solange Diaz Hernández, hace tres años, un dolor de cabeza me llevó a un diagnóstico que cambió mi vida: un tumor en la cabeza. La noticia fue un shock para mi y mi familia, pero el miedo pronto se convirtió en la fuerza para enfrentar un camino que no había elegido. Mi proceso incluyó dos cirugías, pero la lucha continuó con meses de quimioterapia y protonterapia. Cada sesión fue un desafío, tanto físico como emocional. Tuve que enfrentarme a los efectos secundarios y a la incertidumbre. El apoyo de mi familia, mis amigos de la Fundación Aladina, Cintia mi psicóloga y el equipo médico fueron esenciales. Hoy, la cicatriz en mi cabeza es más que una marca; es un recordatorio de lo fuerte que soy.
